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Bayern Múnich y Real Madrid: el empate en Múnich que dice más de lo que parece

Un punto que sabe a poco y a mucho a la vez

Hay empates que se celebran y otros que se digieren con paciencia. El que dejó el Real Madrid en Múnich pertenece a la segunda categoría. Llegaba el equipo blanco a un estadio hostil, con el ruido de la Allianz Arena tapando cualquier pensamiento, y se marchó con un punto en el bolsillo. Nada más. O nada menos, según el humor con el que mires el marcador.

Lo que sí tengo claro es que el partido exigía más carácter que fútbol bonito. Y en eso el equipo de Mourinho respondió.

Lo que nos dejó el partido

El Bayern de Vincent Kompany mandó en muchos tramos, sobre todo en la primera mitad, con Harry Kane buscando espacios entre líneas y Jamal Musiala girando a su alrededor como si el campo fuera suyo. El Madrid sufrió, cedió metros y tuvo que aguantar algún disparo que pasó rozando el palo.

Pero también hubo momentos en los que el conjunto blanco mostró colmillo. Jude Bellingham apareció cuando hacía falta, apretando por dentro y buscando la pausa que a veces le falta. Y el equipo, cuando recuperó la pelota, sabía exactamente adónde quería ir.

  • Jude Bellingham fue el jugador que más peso tuvo en la transición ofensiva.
  • Harry Kane marcó la diferencia en la presión y en el juego de espaldas.
  • Jamal Musiala generó peligro en el carril izquierdo y obligó a Lucas Vázquez a replegarse más de la cuenta.

Mourinho y la pregunta incómoda

José Mourinho volvió a dejar claro que no le gusta perder puntos fuera de casa en Europa. Y tiene razón. Un empate en Múnich no es una mala noticia, pero tampoco es un golpe sobre la mesa. El grupo de la Champions aprieta y cada punto que se pierde en el camino se paga caro al final.

La duda que queda es si este equipo tiene la pegada necesaria para cerrar partidos de este calibre. Se nota que hay carácter, se nota que hay orden. Lo que falta es ese último toque que convierte un empate peleado en una victoria con nombre propio.

Mirando hacia adelante

El Madrid se queda con la sensación de haber resistido en el peor escenario posible. Con Thibaut Courtois sosteniendo la portería en los momentos calientes y con una defensa que, por fin, empieza a parecerse a la de otras temporadas, el margen de mejora es enorme pero el punto de partida no es malo.

Ahora toca pasar página rápido. En el calendario no hay tiempo para lamentos y el próximo compromiso exige volver a demostrar que el Real Madrid sabe ganar también cuando no juega bien.

 

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